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10 septiembre, 2012 / Noógrafo

[Luis García Fanlo] ¿Qué es un dispositivo?: Foucault, Deleuze, Agamben. (III) Agamben; Discusión; Bibliografía

Agamben

Por su parte, Agamben (2006) asocia el término dispositivo con el de positividad en la versión que del mismo nos ofrece Hippolite (1970) en su texto sobre Hegel. Una positividad sería el conjunto de creencias, reglas, rituales que en cierta sociedad y en determinado momento histórico les son impuestos a los individuos desde el exterior; la enunciación hegeliana se refiere a la distinción entre lo que denomina religión natural y positiva siendo esta última los sentimientos que son impresos en las almas de los individuos mediante coacción y los comportamientos asociados que son el resultado de una relación de mando y obediencia y que son cumplidos sin un interés directo de por medio. El objetivo de Foucault, según Agamben, no sería el de reconciliar historia y razón sino de investigar los modos concretos en que las positividades o los dispositivos actúan en las relaciones, en los mecanismos y en los juegos de poder.

Pero, ¿qué es un dispositivo para Agamben? Cualquier cosa que tenga de algún modo la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, conductas, opiniones y los discursos de los seres
vivientes, de modo tal que “no solamente las prisiones, los manicomios, el panóptico, las escuelas, la confesión, las fábricas, las disciplinas sino también la lapicera, la escritura, el cigarrillo, el teléfono celular, las computadoras, y por qué no el lenguaje mismo” serían dispositivos, pero no en sí mismos sino en tanto conforman o forman parte de una red de saber/poder. Un dispositivo no es otra cosa que un mecanismo que produce distintas posiciones de sujetos precisamente por esa disposición en red: un individuo puede ser lugar de múltiples procesos de subjetivación.

Sin embargo, el principal aporte que a mi juicio realiza Agamben al tratamiento de los dispositivos consiste en plantear que no solo existen por un lado individuos y por el otro dispositivos, sino que existe un tercer elemento que a su juicio resulta fundamental para entender los procesos de subjetivación, individuación y control y es lo que denomina “el cuerpo a cuerpo entre el individuo y los dispositivos” (Agamben, 2005 y 2006a). El sujeto sería entonces lo que resulta de la relación entre lo humano y los dispositivos ya que éstos existen solo en la medida en que subjetivan y no hay
proceso de subjetivación sin que sus efectos produzcan una identidad y a la vez una sujeción a un poder externo, de modo que cada vez que un individuo “asume” una identidad también queda subyugado.

Pero, siempre según Agamben, el problema que plantea nuestra actualidad consiste en que los dispositivos no solo subjetivan sino que también producen procesos de desubjetivación que son aquellos en los que la creación de un sujeto
implica la negación de un sujeto. Las consecuencias teóricas y prácticas de esta afirmación resultan problemáticas ya que hacen difícil la identificación de los procesos de subjetivación y, al mismo tiempo, plantean interrogantes políticos acerca de la actual proliferación de las luchas y conflictos actuales por el reconocimiento. El proceso a través del cual el sujeto de alguna forma queda atado a una identidad subjetiva: ¿lleva a un cambio, un aumento o una disminución de su capacidad para actuar?

Discusión

Ahora bien, ¿Qué tipo de sujeto se constituye como efecto de saber/poder? ¿Se trata de un autómata fabricado según un estándar maquínico de producción? De ninguna manera. En primer lugar un dispositivo no es una cosa entendida como
sinónimo de máquina, es decir un objeto que opera siempre reproduciendo el mismo mecanismo y produciendo siempre el mismo resultado, sino algo que constantemente se está reconfigurando a sí mismo, que en cierta manera aprende como si estuviera dotado de inteligencia artificial, por lo tanto produce distintos tipos de subjetividades en cada momento histórico. En segundo lugar, no todos los individuos circulan por la totalidad de la red durante su existencia ni hacen el mismo recorrido; pero fundamentalmente porque los efectos de poder que produce un dispositivo no le dicen al sujeto que constituyen qué es lo que tiene que hacer, decir, pensar, ser, en cada momento o en todo lugar.

Lo que los dispositivos inscriben en los cuerpos son reglas y procedimientos, esquemas corporales, éticos y lógicos de orden general que orientan prácticas singulares: conducen-conductas dentro de un campo limitado pero inconmensurable de posibilidades. Las reglas no son directamente prácticas; las reglas, para hacerse prácticas, tienen que aplicarse en determinadas situaciones que se presentan a cada individuo en infinitas variaciones y es en cada  situación que hay que tiene que determinar cómo aplicar la regla. La práctica es una continua interpretación y reinterpretación de lo que la regla significa en cada caso particular, y si bien la regla ordena las prácticas éstas a su vez hacen a la regla, por lo tanto pensarla como una fórmula subyacente, un reglamento, una representación o un mapa, es un error.

¿Qué ocurre cuando la principal superficie de emergencia o punto de apoyo de un dispositivo no es una institución? En nuestra actualidad, signada por la transición desde la sociedad disciplinaria a la sociedad de seguridad o control, predominan cada vez más los dispositivos como la televisión, las nuevas tecnologías de información y comunicación, celulares, etc. cuyo entramado actual no parece ajustarse al modelo del panóptico y las instituciones de encierro. Bauman (2006) ha sugerido que la red que conforman estos dispositivos constituye lo que denomina un sinóptico, lo que permite a muchos ver a pocos, matriz a través de la cual se procesan los nuevos sujetos consumidores de la sociedad del espectáculo.

Sin embargo, y a diferencia de Bauman, sostengo que los nuevos dispositivos no reemplazan a los antiguos sino que los subsumen; por ejemplo, un sinóptico como el programa de televisión “Gran Hermano” incluye dentro de su red de  asociaciones a un panóptico: muchos miran a pocos encerrados en la famosa “casa” y también a sus vigiladores (la producción del programa representada por la incorpórea voz del Gran Hermano) en un claro ejemplo de cómo habría que pensar el análisis del funcionamiento de los dispositivos de saber/poder en nuestra actualidad (García Fanlo, 2010).

Re-problematizar

Comencemos por el intento de aclarar cuales son los significados que usualmente los diccionarios de lengua castellana le asignan al término dispositivo: 1) que dispone; 2) mecanismo o artificio dispuesto para producir una acción prevista; 3) organización para acometer una acción; 4) disposición, expedición y aptitud. Entonces, un dispositivo sería algo que dispone (medidas dispositivas), que funciona como un mecanismo dispuesto para obtener un resultado, un artefacto, máquina o aparato que hace-hacer a algo o alguien una determinada cosa, por ejemplo: “el ejército adoptó una  disposición particular en el campo de batalla”, “el juez dispuso una medida procesal”, “las distintas piezas del aparato deben ser dispuestas como indica el manual para un correcto funcionamiento”, “el candidato debe estar dispuesto a  realizar determinadas tareas para obtener el empleo”, etc.

Tenemos cuatro significados distintos que son enunciados en forma de opciones irreductibles las unas a las otras y que hay que poner en relación para poder aproximarse a la construcción del término dispositivo en tanto concepto. Visto desde esta perspectiva las definiciones tienen en común la referencia a prácticas que, en una primera instancia, pueden ser remitidas a espacios sociales cuyas conexiones sociológicas son evidentes: judicial, tecnológico y militar. Las sentencias judiciales disponen determinadas decisiones, los artefactos tecnológicos están constituidos por una  determinada disposición de sus piezas componentes o funcionan de acuerdo a una disposición particular de sus  mecanismos, los ejércitos son dispuestos conforme a un plan o programa estratégico para la batalla.

Estas definiciones tienen en común la asignación al dispositivo de la función de ordenar una serie de prácticas con el  objetivo de garantizar un adecuado funcionamiento de un sistema mayor del que forman parte. Dispositivo sería aquello
que produce la disposición de una serie de prácticas y mecanismos que ante una urgencia tienen como objetivo  conseguir un determinado efecto que la cancele, la neutralice o la normalice.

En consecuencia, en lugar de pensar el problema como me dispone a hacerlo el diccionario voy a intentar hacerlo de otro modo que consiste en enfocarme bajo el supuesto de que lo social funciona como un orden en el que las palabras,  las cosas y los sujetos están asociadas de modo tal que no pueden ser definidas ni pensadas sin ponerlas en relación las unas con las otras. A esa asociación tanto Michel Foucault, como Gilles Deleuze y Giorgio Agamben la describen como una red: un dispositivo no es un discurso o una cosa o una manera de ser sino la red que se establece entre discurso, cosa y sujeto.

Un dispositivo es un régimen social productor de subjetividad, es decir, productor de sujetos-sujetados a un orden del discurso cuya estructura sostiene un régimen de verdad. De ahí que la familia, la fábrica, el hospital, la escuela, el  cuartel, la iglesia, el club de fútbol, el partido político, la universidad, son dispositivos, pero también lo son el teléfono celular, la televisión, la radio, el teatro, la literatura, y el cine. Si bien cada dispositivo tiene su función específica,  conforman entre todos una “red de poder-saber” que los articula, los complementa y los potencia mutuamente, también
dicha red contiene contradicciones porque no todos los individuos circulan sistemática y uniformemente por la red de poder-saber, y porque cada dispositivo porta una especificidad en cuanto al tipo de sujeto que pretende producir.

A la vez, se ha señalado insistentemente que vivimos en una época de crisis de los dispositivos cuyo fundamento sería social y que ha sido enunciado en términos de una transición o pasaje desde una forma social caracterizada como  “sociedad disciplinaria” productora de “sujetos productores”, a una “sociedad de control” que necesitaría para su  reproducción de “sujetos consumidores”. Los dispositivos que mencionábamos en primer término serían aquellos propios y específicos de la sociedad disciplinaria, en tanto que el otro conjunto sería funcional a la sociedad de consumidores.

Para entender mejor el problema conviene detenerse en el concepto de transición. La transición implica una  coexistencia entre lo que va dejando de ser actual (sociedad disciplinaria–sujetos productores) y lo que va deviniendo en actual (sociedad de control–sujetos consumidores); pero también implica que unos dispositivos no son reemplazados por otros, sino que todos se integran dentro de la red de poder-saber de modo que los dispositivos disciplinarios siguen disciplinando pero, a la vez, son integrados a nuevas funciones de control: producción-consumo, disciplina-control.

Todo dispositivo tiene una genealogía y una historicidad que explica su régimen de aparición, reproducción, funcionamiento y crisis de la que resultará una nueva configuración de la red de saber/poder y, consiguientemente, nuevas formas de experiencias. Michel Foucault usa indistintamente los términos experiencia, forma de experiencia y foco de experiencia para referirse a la correlación entre campos de saber, matrices normativas de comportamiento y modos de existencia virtuales para sujetos posibles, que son los ejes que la constituyen. En lugar de encarar globalmente la racionalización de la sociedad o de la cultura Foucault cree que es más conveniente analizar el proceso en varios dominios, cada uno de los cuales reenvía a una experiencia fundamental que define la actualidad de una sociedad.

En este contexto, toda experiencia es históricamente singular y actúa performativamente en tanto instaura reglas,  racionalidades y regularidades. La experiencia es un pensamiento pero no en el sentido de formulaciones teóricas sino
como prácticas organizadas, de carácter sistemático y recurrente, que establecen las maneras de decir, hacer y conducirse en las que un individuo se manifiesta y obra en tanto sujeto de conocimiento, sujeto social o jurídico y sujeto ético estableciendo las formas bajo las cuales los individuos pueden y deben reconocerse como sujetos de esa experiencia, regulando la relación consigo mismo y con los otros.

Bibliografía

  • Agamben, Giorgio (2006), “¿Qué es un dispositivo?”, Roma, Edizioni Nottetempo, versión en castellano  disponible en https://elnoografo.wordpress.com/2012/09/06/giorgio-agamben-que-es-un-dispositivo-i/ y https://elnoografo.wordpress.com/2012/09/07/giorgio-agamben-que-es-un-dispositivo-ii/
  • Agamben, Giorgio (2006a), “Metrópolis”, Conferencia pronunciada en el Seminario “Metropoli/Moltitudine”, Venecia, 11 de noviembre de 2006, disponible en http://www.egs.edu/faculty/giorgio-agamben/articles/metropolis-spanish/
  • Agamben, Giorgio (2005), “El autor como gesto”, en Profanaciones, Buenos Aires, Adriana Hidalgo.
  • Deleuze, Gilles (1990), “¿Qué es un dispositivo?”, en Varios Autores, Michel Foucault filósofo, Barcelona, Gedisa.
  • Foucault, Michel (2008), El gobierno de sí y de los otros, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, pp. 17-39.
  • Foucault, Michel (2008b), El nacimiento de la clínica, Buenos Aires, Siglo XXI, Capítulo I, pp. 23-44.
  • Foucault, Michel (2000), Los anormales, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, pp.39-59.
  • Foucault, Michel (1993), Historia de la sexualidad. El uso de los placeres, Tomo 2, Madrid, Siglo XXI, pp. 9-38.
  • Foucault, Michel (1990), Historia de la locura en la época clásica”, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, Tomo 1, Capítulo II, pp. 75-125 y Tomo 2, Capítulo II, pp. 66-123.
  • Foucault, Michel (1986), Historia de la sexualidad. La voluntad de saber, México, Siglo XXI, pp. 93-159.
  • Foucault, Michel (1984), “El juego de Michel Foucault”, en Saber y verdad, Madrid, Ediciones de la Piqueta, p.127-162, disponible en http://www.con-versiones.com.ar/nota0564.htm
  • Foucault, Michel (1977), Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión, Buenos Aires, Siglo XXI.
  • Foucault, Michel (1973), La verdad y las formas jurídicas, Barcelona, Gedisa.
  • García Fanlo, Luis (2010), “Un análisis sociológico del reality show Gran Hermano 4 (Argentina)”, en Revista LIS Letra, Imagen y Sonido, Número 4, Buenos Aires, pp. 25-40, ISSN 1851-8931.
  • García Fanlo, Luis (2007), “Sobre usos y aplicaciones del pensamiento de Michel Foucault en Ciencias Sociales”, en Discurso y Argentinidad, Año 2, Número 2, Buenos Aires, ISSN 1852-642X, (publicación electrónica), en
  • http://sites.google.com/site/revistadiscursoyargentinidad/Home/numero-2-primavera-de-2008
  • Hyppolite, Jean (1970), Introducción a la filosofía de la historia de Hegel, Buenos Aires, Caldén, Capítulo 3, pp. 39-63.

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