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18 agosto, 2012 / Noógrafo

[Carlos Taibo] Sobre la ‘Declaración de la Cumbre Social’: sindicatos mayoritarios y resistencias

 

En www.carlostaibo.com  30/07/2012

I

Leo la “Declaración de la Cumbre Social celebrada en Madrid el 25 de julio de 2012”, un texto que sirve de convocatoria para un conjunto de movilizaciones que se deben desarrollar en los próximos meses. Al parecer, lo han suscrito muchas de las organizaciones asistentes a la reunión correspondiente, con CCOO y UGT en cabeza. A título provisional, y a falta de más noticias, es un texto desalentador en el que no se aprecia voluntad alguna, siquiera retórica, de atraer a quienes no están próximos. No constituye, en modo alguno, un mínimo común denominador: excluye, y con claridad, a muchos.

Conforme a lo que se incluye en esas líneas es obligado deducir que lo que teníamos antes de 2007, el momento del estallido de la crisis financiera, era un dechado de perfecciones. Nos habíamos dotado, por lo que nos cuentan, de un modelo de convivencia que ha servido cabalmente durante nada menos que 35 años. Y disfrutábamos de una Constitución que aún hoy pone en nuestras manos instrumentos importantes. La transición política no es, entonces, objeto de cuestionamiento alguno en un escenario en el que –se nos dice– han despuntado los ‘logros laborales’ y el Estado del bienestar ha brillado con luz propia. Como quiera que ninguna mención se hace al respecto en el texto que me ocupa, está servida la conclusión de que habíamos resuelto los problemas principales en lo que se refiere a la situación de las mujeres, al medio ambiente y a los países del Sur. Si unas veces lo que se impone es el silencio –¿para qué hablar de la OTAN?–, en otras resulta fácil intuir un ejercicio de adoración del crecimiento y del consumo que dice poco de una comprensión cabal de nuestros deberes para con las generaciones venideras.

A semejante visión de los hechos se agrega la afirmación, un tanto sorprendente, de que la conciencia de que semejante paraíso empezaba a desvanecerse ha sido particularmente visible, en los últimos años, en el mundo sindical, que repetidas veces habría llamado la atención al respecto. Será en las filas del sindicalismo alternativo. Porque el registro de las cúpulas de CCOO y UGT parece muy distinto: no consta que en su momento plantasen cara a la burbuja inmobiliaria, han acatado sucesivas e impresentables reformas laborales, han hecho otro tanto con el pensionazo y, por si poco fuera todo lo anterior, no dudaron en respaldar en 2005 el infame Tratado Constitucional de la Unión Europea, corresponsable de muchos de nuestros males de hoy. En estas horas, y por lo demás, esas cúpulas no sienten mayor interés en postular una tarea inexcusable: la que invita a separar la deuda legítima de la ilegítima, como si su designio de romper las reglas del juego fuese, como siempre, limitadísimo. Parece que los sindicatos mayoritarios son parte del problema, y no los agentes mayores para resolverlo, y ello por mucho que hoy intenten ocultarlo.

Más allá de todo lo anterior, el texto arrastra dos taras insorteables. La primera asume la forma de un olvido más: el de que todo lo que tenemos hoy es una consecuencia directa, e inevitable, de lo que teníamos antes. Volver a 2007 es, como horizonte mental, una necedad que bebe de una ilusión óptica. La segunda es la dramática ausencia de proyecto alguno que implique una apuesta por cambiar de modelo. Es inevitable que, en esas condiciones, a muchos nos dejen fuera.

Seguir leyendo en Nuevo Desorden (www.carlostaibo.com)

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