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6 agosto, 2012 / Noógrafo

Movilizaciones contra la crisis en España (I) Las protestas del #19J

La respuesta popular a las criminales “medidas de ajuste” del gobierno español, que suponen la práctica desaparición de todas las políticas de protección social, ha sido masiva este 19 de Julio. Sindicatos, partidos políticos, organizaciones sociales y la población en general han escenificado una imagen de unidad y fuerza frente al gobierno pocas veces exhibida en moderna democracia constitucional del Reino de España.

Una imagen que todo el mundo esperaba, por otra parte.

El éxito de las movilizaciones sociales del #19J se ha venido gestando desde que se conocieron las intenciones del Partido Popular de hacer recaer el pago de la deuda generada en estos años de crisis en la mayoría trabajadora. Este histórico día de julio salimos a manifestar la indignación que nos latía dentro desde que el gobierno títere de los especuladores anunciara lo que se nos venía encima.

Mientras esperábamos la votación en un estricto respeto democrático hacia nuestros representantes políticos para con posterioridad tomar la calle ordenadamente, en los medios se calentaba el ambiente con los trapos sucios de diputadas pijas malencaradas, familias corruptas de princesas, banqueros sádicos, capos de la CEOE, subdelegadas del gobierno de Madrid y partidos nacionalistas catalanes que pretenden convertir España en una reedición del Chile de Pinochet con la colaboración de la ultraderecha española gobernante.

Previamente, la aletargada clase funcionarial parecía despertar de su autismo al enterarse de la reducción en sus nóminas y salieron a quemar las calles; hasta se supo que policías se entregaron alegremente al noble arte del sabotaje, reivindicando la misma naturaleza obrera que, digamos, los mineros a los que días antes abrían la cabeza a base de porrazos.  

Las redes sociales, expresión moderna de la opinión pública 2.0, libraban su propia batalla editorial y desde el lado militante parecía prepararse una rebelión del pueblo contra el gobierno tirano que haría relamerse de gusto a Thomas Jefferson.

Y a partir de las 20:30 horas de la tarde del 19 de Julio de 2012, prietas las filas de la clase trabajadora, tal y como pasara el #15M de 2011, se dio paso a otra manifestación histórica del rechazo de la gente al trato que le dispensa el gobierno…

O algo parecido, pero poco más. Quizá falte en esta descripción de los hechos un tanto maliciosa al presidente Mariano Rajoy comiendo pipas en un balcón principal de Madrid junto a Esperanza Aguirre, mientras disfrutan del desfile que el populacho les había preparado para las horas posteriores a su gran golpe de autoridad parlamentaria.

Una oportunidad de oro perdida para demostrar quién debe mandar realmente. Salir a la calle para hacer de comparsa a unos sindicatos y partidos que no tienen nada que decir. Una liberación tremenda de energía del pueblo que, sin duda, ha sido vampirizada por los carroñeros inmovilistas de la izquierda social del estado. ¿Para qué? No lo sé.

Breve contextualización en forma de diatriba, o cómo hemos llegado a esto.

Está más o menos aceptado que la crisis es global (excepto entre la subnormalidad intereconómica española, que cree que es un conjuro maléfico del bolchevique Zapatero) y quizá uno más de los ciclos económicos que debemos sufrir por ser la parte débil del capitalismo; sólo que en esta ocasión, y debido a la gran dependencia de los mercados (financieros), ha caído de lleno en los países peor parapetados de occidente.  

Esta serie de acontecimientos críticos son relativamente fáciles de sobrellevar, ya que generalmente estamos bien educadas en la fe en que el sistema se autorregenere y más tarde o más temprano podamos reanudar la normalidad del ciclo trabajo-ocio-consumo con una relativa libertad.  También nos habíamos acostumbrado a ver las esferas políticas, sociales y económicas como entidades separadas que también se autorregulan dentro de esa cosa que  algunos llaman el “contrato social”  en virtud del cual se genera el orden, la autoridad y los derechos de toda la gente.

Quizá por estas razones estemos asistiendo alucinadas a una sucesión de artificios de acción y reacción entre los actores políticos tradicionales de este absurdo teatro al que llamamos crisis, dirigidos a que parezca inevitable la ruina y que sólo haya lugar para manifestar educadamente nuestra desilusión ante la posible pérdida de este cutre paraíso terrenal, en el que se combinaba un Estado Social y de Derecho bastante restringido, con un relativo bienestar económico sustentado en el crédito bancario, que nos acercaba al exclusivo club de los ricos ciudadanos demócratas occidentales.

Y a su vez, nos descubrimos gobernadas por una inepta cleptocracia venida a menos, que ha disfrutado de una gran impunidad a la hora de hacer sus maniobras criminales, por haber mantenido a sus súbditos satisfechos, con cierta alegría en los bolsillos y una fe inquebrantable en este sistema que quierenidentificar como democracia.

Ahora casi da igual el nombre del partido que gobierna en estos momentos. El término PPSOE describe perfectamente al atajo de ineptos políticos que conforman el monstruo bicéfalo que nos viene (mal)gobernando desde hace décadas (¡PSOE y PP, la misma mierda es!); solo sabemos que este que ha llegado es más chorizo y criminal, más lacayo del capital y fascista si cabe, que el gobierno anterior.

Intuimos quienes no acostumbramos a ser cómplices de estos malvados, que la mayoría que los aúpa al poder es conformista, y los imaginamos secuestrados por la vana ilusión de que el tipo que entre a gobernar termine favoreciendo sus intereses personales. Sin embargo aceptamos que sigan representándonos quienes nos han vendido, por acción u omisión, los mismos que hace un año no nos representaban.

¿Será que nos sentimos huérfanos? ¿Incapaces de llevar a cabo el proyecto de liberación de chorizos y vampiros? Sin querer hemos vuelto a ceder protagonismo ante los actores políticos tradicionales (en este caso, sindicatos y partidos políticos), que son elementos  fundamentales para entender cómo se está gestionando esta crisis a nivel social.

¿Dónde está la rebelión que nos prometen? ¿Empezará en septiembre, cuando todo el pescado esté vendido? Realmente, ¿hemos salido a la calle únicamente a experimentar el paseo indignado?

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