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5 julio, 2011 / Noógrafo

Documento del 15-M (III): Las debilidades del movimiento del 15-M

Publicado en Batura: Blog de Xabel Vegas, Las debilidades del movimiento del 15-M

El movimiento del 15-M es uno de los fenómenos más esperanzadores de los últimos tiempos en nuestro país. A las élites políticas, económicas y judiciales españolas les ha pillado con el pié cambiado y no han acabado de entender una movilización ciudadana que reclama un sistema democrático que no le de la espalda a los ciudadanos. Sin lugar a dudas se trata del movimiento más importante desde las movilizaciones contra la guerra de Iraq. Y se produce además en un momento de crisis económica profunda y cuando parecía que la sociedad no estaba reaccionando ante alguno de sus efectos más perversos.

Como todo movimiento ciudadano amplio tiene grandes flaquezas y grandes fortalezas. En este blog trataré de enumerar las que yo detecto, empezando hoy por las debilidades. Vaya por delante mi simpatía hacia el movimiento y mi adhesión a sus movilizaciones. Precisamente por ello me parece muy sano destacar los aspectos positivos que tiene para poder fortalecerlos y también los negativos para combatirlos. Hoy me ocuparé de estos últimos. Son los siguientes:

  • Debilidad organizativa. El movimiento asambleario resulta muy atractivo, especialmente para la gente más joven. Pero organizativamente es muy poco útil y en ocasiones adolece curiosamente de falta de democracia. Un ejemplo: en alguna asamblea fueron miles de personas las que decidieron si la acampada debía seguir tras el 22M. Pero entre ellas eran muy pocas las que realmente estaban acampadas.

  • Falta de debate real. Diariamente hay muchas asambleas. Pero el debate en ellas es prácticamente nulo. Se trata más bien de speechs que suscitan aplausos de aprobación. Generalmente se plantean ideas desde lo emocional, sin mucha profundidad intelectual, y muy lastradas por la corrección política.

  • Poco espacio para el disenso. Las opiniones divergentes o problematizadoras de la línea comúnmente aceptada tienen poca cabida. Los discursos se aprueban o rechazan con aclamaciones o abucheos con lo cual el ámbito de debate no se presta a posturas distintas de las de la mayoría.

  • Falta de realismo a la hora de medir las fuerzas. En algunas acampadas como la de Barcelona se ha planteado prorrogarlas como mínimo hasta el 15 de Junio. Se corre el riesgo de que mueran de agotamiento. Una vez pasado el impacto mediático que tuvieron durante la primera semana en plena campaña electoral parece poco útil e incluso contraproducente mantenerlas. Quizás fuera deseable dosificar las fuerzas con movilizaciones más puntuales pero con un eco mediático importante e ir así calentando motores de cara a las elecciones generales del próximo año.

  • El problema de la concreción de las propuestas. Durante los primeros días de las protestas una parte de los medios de comunicación y de la clase política le reclamó al movimiento unas propuestas claras. Y en cierto modo las movilizaciones cedieron a ese requerimiento. En ocasiones concretar algunas cuestiones puede ser muy útil. Es el caso de la reforma de la Ley Electoral. Pero ir mas allá de algunos puntos concretos acaba diluyendo un movimiento basado en valores muy sanos en un cajón de sastre donde caben una amalgama de propuestas, unas más acertadas y otras menos.

  • Algunas propuestas poco elaboradas y algunas muy desafortunadas. La elaboración de puntos programáticos en asambleas abiertas en un clima de euforia ante el éxito de las movilizaciones ha traído consigo algunas ideas que merecen una reflexión profunda y sosegada. Destacan algunas simplezas a la hora de abordar cuestiones candentes. Un ejemplo claro: como propuesta para la lucha contra la corrupción se ha planteado excluir por ley a los imputados de las listas electorales lo que, por más que resulte tremendamente deseable, plantea un problema con un derecho tan básico como la presunción de inocencia. Se trata más de consignas que de ideas surgidas de una reflexión.

  • Pensamiento acrítico. Se fomenta la idea de que el problema nunca es del ciudadano sino de los políticos, los banqueros, o los medios de comunicación. Se habla del bipartidismo y de lo que ellos llaman PPSOE sin apuntar que es nuestra sociedad la que ha provocado esa situación. Siempre hay una instancia superior al ciudadano responsable de los males.

  • Abolir leyes pero no solucionar problemas. Se plantean ideas como la desaparición de la energía nuclear, de la Ley de Extranjería o de la Ley Sinde. Pero no se profundiza en como resolver los problemas que surgen alrededor del excesivo consumo energético en nuestras sociedades, de las incógnitas que plantea la inmigración y su integración o de las cuestiones que suscita el papel de internet y la creación artística. Plantea soluciones simplistas a problemas que no lo son y que merecen, más que una respuesta, un debate en profundidad.

  • Ingenuidad en materia económica. Algunas de las propuestas económicas que se sustraen de los manifiestos y las asambleas adolecen de una excesiva candidez. En algunas asambleas se habla de nacionalizar los bancos, de expropiaciones, de las hipotecas o de los impuestos con una visión muy poco realista. Un impulso utópico puede resultar movilizador pero cuando se trata de concretar propuestas es necesario conocer en profundidad la realidad y las posibilidades de lo que se plantea. De lo contrario se trata de un brindis al sol.

  • Tendencia a la generalización. Se habla de los políticos o de los medios de comunicación como algo indiferenciado. Se hace tabula rasa y se dice que todos son iguales. Y eso, además de ser injusto, es falso.

  • Relación compleja con los medios de comunicación. Parece indudable que parte del éxito del movimiento del 15-M se debe a la cobertura que le dieron los medios de comunicación. Pero por lo general se les acusa a todos por igual de manipulación e incluso en ocasiones se ha dificultado el trabajo de los profesionales de la información.

  • Posible caldo de cultivo para populismos y extremismos. El carácter asambleario del movimiento puede permitir la entrada de ideas populistas y de grupos extremistas. Por ahora parece que el movimiento se ha blindado bien a ese tipo de colectivos pero no esta asegurado que, cuando el movimiento mengüe, aparezcan en alguna medida.

  • La cuestión del liderazgo. El movimiento está aparentemente impermeabilizado a cualquier tipo de liderazgo. Sus portavoces son rotativos y remiten siempre a las conclusiones de las asambleas. Pero la experiencia nos demuestra que de movimientos presuntamente horizontales suelen surgir líderes con maneras aun más autoritarias que los de colectivos no asamblearios. Es un peligro real y que se podría prevenir si las personas más capaces y más dedicadas pudiesen ejercer de cabezas visibles desde la democracia y la eficacia.

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