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23 mayo, 2007 / Noógrafo

¿Puede el biocombustible matar de hambre a millones de personas? (I)

Empieza a ser un clamor en todas partes: el uso de cereales como el maíz o el aceite de palma , elementos esenciales en la dieta de millones de personas, para la fabricación de biocombustibles, repercutirá en el alza de precios de este tipo de alimentos, sobre todo en este contexto de elevados precios del petróleo.

En el caso particular de Europa, la crisis de Oriente Medio ha hecho que las economías sean muy vulnerables a la subida del precio del petróleo y ha llevado a la Comisión Europea a elaborar planes para aumentar la proporción de biocombustible, actualmente utilizado hasta un 5.75 por ciento del total en 2010 frente al 0.8 por ciento actual.

Alan Jope, vicepresidente de Unilever, el mayor fabricante de productos alimentarios del Reino Unido, ha señalado en The Times que “para cumplir las cuotas actuales de la UE se necesitaría entre un 50 y un 80 por ciento de la producción de colza, con lo que podría haber escasez de oferta”.

El precio de la colza, ingrediente esencial en la fabricación de margarina, ha aumentado entre un 50 y un 80 por ciento en el último año y el del aceite de palma, utilizado tanto en la alimentación como en la cosmética, se ha encarecido un 20 por ciento en sólo dos meses después de que se informase de que Malasia e Indonesia proyectan dedicar a biocombustible un 40 por ciento de su cosecha. Según cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Europa tendría que reconvertir más de un 70 por ciento de sus tierras cultivables para aumentar en un 10 por ciento la proporción de biocombustible utilizado para el transporte por carretera.

Los biocombustibles pueden tener efectos todavía más devastadores en el resto del mundo, sobre todo en los precios de los alimentos básicos. Si el precio del petróleo se mantiene elevado —lo que es probable— las personas más vulnerables a las subidas de precio provocadas por la fiebre de los biocombustibles serán las de los países afectados por la escasez de alimentos y de importaciones de petróleo. El riesgo es común para una buena parte del mundo subdesarrollado: en el 2005, según datos de la FAO, la mayoría de los 82 países de bajos ingresos afectados por el déficit de alimentos también constituyen importadores netos de petróleo.

Incluso los grandes exportadores de petróleo que invierten sus petrodólares en la compra de alimentos, como México, se ven seriamente afectados por los incrementos de los precios de los alimentos. A finales del 2006, el precio de la harina para elaborar tortillas en México, que recibe el 80 por ciento de sus importaciones de maíz de los Estados Unidos, se duplicó en parte a causa del aumento de los precios del maíz estadounidense de 2.80 a 4.20 dólares la fanega en los últimos meses. (Los precios se elevaron pese a que las tortillas se elaboran fundamentalmente con el maíz blanco que se cultiva en México porque los consumidores industriales del maíz amarillo importado, que se emplea en la elaboración de piensos y alimentos procesados, comenzaron a comprar la variedad blanca más barata.) El repentino aumento se exacerbó a causa de la especulación y el acaparamiento.

El Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI), en Washington, D.C., ha presentado informes preocupantes sobre la posible repercusión internacional de la creciente demanda de biocombustibles. Mark Rosegrant, director de una de las divisiones del IFPRI, y sus colegas prevén que en vista de que los precios del petróleo continúan aumentando, el crecimiento vertiginoso de la producción de biocombustibles elevará los precios del maíz en un 20 por ciento para el 2010 y en un 41 por ciento para 2020. Se pronostica de igual modo que los precios de las semillas oleaginosas, entre las que se incluyen la soya, la colza y el girasol, aumenten en un 26 por ciento para el 2010 y en un 76 por ciento para el 2020, y los precios del trigo en un 11 y en un 30 por ciento para el 2010 y el 2020, respectivamente.

En las zonas más pobres de África subsahariana, Asia y América Latina, donde la yuca constituye un alimento básico, se espera que el precio crezca en un 33 por ciento para el 2010 y en un 135 por ciento para 2020. La producción de etanol a partir de la yuca puede representar una seria amenaza a la seguridad alimentaria de los más pobres del mundo, pues constituye el alimento básico de más de 200 millones de los habitantes más pobres de África.

Es evidente que Objetivos de Desarrollo del Milenio, establecidos por la ONU en el 2000 y que expresan el compromiso de reducir a ocho por ciento para el 2015 las personas afectadas por el hambre, se verán seriamente afectados. Varios estudios de economistas del Banco Mundial y otras instituciones sugieren que el consumo de calorías entre los pobres del mundo disminuye aproximadamente un 0,5 por ciento cada vez que los precios promedio de los alimentos básicos más importantes se incrementan en un uno por ciento…

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